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Después de Katrina, en el Valle del Hudson

Por Amy Netzky
September 2005

Con la tragedia de la destrucción causada por el huracán Katrina, y la reciente llegada del huracán Rita, al país entero se le presentan muchas preocupaciones. Dentro de las comunidades con estudiantes universitarios, una de las preocupaciones se enfoca en el futuro de esos estudiantes que asistían las universidades en las áreas evacuadas —áreas a las cuales no sería posible regresar por, por lo menos, todo este año académico, es decir, hasta finales de mayo de 2006. Varias universidades de todo el país han recibido a muchos de los estudiantes desplazados de Nueva Orleáns y las poblaciones cercanas. Bard College es parte de ese grupo, y cuatro estudiantes de La Universidad de Loyola en Nueva Orleáns llegaron a Bard hace tres semanas. Uno de esos estudiantes, Miles Markstien, se sentó con La Voz para hablar sobre su experiencia.    

            Miles tiene dieciocho años y está en su primer año de sus estudios universitarios. Es de Santa Cruz, California, y decidió asistir a La Universidad de Loyola porque Nueva Orleáns era su ciudad favorita en todo el país. Cuando fue forzado a salir de la ciudad de Nueva Orleáns, cuenta que todos pensaron que la amenaza no era muy seria, y, por eso, solamente llevó con su persona suficiente ropa por dos días y su computadora. 

            Al responder a la crítica de las acciones del gobierno en respuesta a la tragedia, Miles destaca que las encontró impresionantes en las etapas iniciales de la repuesta del gobierno. Por ejemplo, él dice que no tuvo ningún problema con la salida, pero fue más fácil para él y sus compañeros porque tenían automóviles, y la ciudad abrió todos los carriles de las carreteras para que todo el movimiento se dirigiera hacia afuera de la ciudad, y que salieran con más facilidad todos que eran móviles. Sin embargo, él reconoce los incontables errores que cometió el gobierno en relación a la organización de los esfuerzos de rescate de la gente del área y de la ciudad sí misma. 

            En el momento más presente, Miles está muy feliz de estar en Bard. Algunas de las otras universidades que le ofrecían la oportunidad de asistir a sus instituciones le pidieron a él un precio fijo por cada clase. Bard, sin embargo, le dio una matrícula gratis para este año académico. Le gustan sus clases, dice que el cámpus le parece como su ambiento nativo en Santa Cruz, CA, y se siente muy cómodo con los estudiantes de Bard. Sus profesores le causaron buena impresión a Miles, pero todavía se está acostumbrando al tamaño pequeño de las clases, y la tradición de discusiones abiertas que tiene Bard.    





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