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Cuento

Los cassettes de Lucrecio González, el hombre de la grabadora

Novela por entregas (penúltima entrega) 

Por Ricardo Enrique Murillo
November 2015

83. La migra en la casa

Anoche vino la migra buscando a Juan Jarrison y se llevó de la casa al cocinero nuevo. Hizo por defenderse el hombre, pero de nada le valió. Les dijo que él no era el que buscaban y que ni siquiera conocía al tal Jarrison. Es cierto. Los que los conocemos a los dos podemos asegurar que no tienen ningún parecido. Los migras le respondieron que así dicen todos. Le pidieron los papeles y pues de dónde papeles. Apenas los del baño. Lo esposaron. Unos se quedaron a cuidarlo y los otros subieron al segundo piso a buscar más gente y no encontraron a nadie porque los demás estábamos trabajando. El cocinero era el único que estaba ahí porque ayer le pegó el catarro y ni modo de que Zulma lo fuera a forzar a trabajar enfermo, aunque más le hubiera valido trabajar. Vicente Villa vio a los uniformados desde la puerta de la cocina del restaurante y nos dio el pitazo para que nos escondiéramos y todos corrimos a escondernos en el túnel que quién sabe cuándo hizo el patrón para estas emergencias. Como Villa tiene papeles, no corría ningún peligro y, para nuestra suerte, los uniformados no llegaron al restaurante. Seguro alguien le echó la migra a Juan Jarrison y seguramente no ha de haber sido por bueno. Pobre del cocinero, a estas horas lo han de llevar a México y Jarrison muy campante, quién sabe dónde.  

84. Gamaliel cambia de aires

Con la sorpresa de que Gamaliel deja la cocina y se va de pintor. Le preguntamos si de pintor como José Antonio Aguirre. Dijo que de brocha gorda, que una compañía le ofreció buen dinero y le van a dar un mes de vacaciones al año. Aquí también le dan a uno las vacaciones que pida, pero no se las pagan, ni le aseguran que tenga el trabajo cuando regrese. Anda muy contento Gamaliel. El que anda preocupado es el patrón porque se le va su trabajador de estima. Él le arregló los papeles y uno se imaginaba que Gamaliel le iba a trabajar toda la vida. No. Se va. Dice que de vez en cuando vendrá a visitarnos para que nos tomemos un refresco con las canciones de Rigo Tovar. Así dicen todos y no vuelven. Pensamos que Vicente Villa es el que lo va a extrañar más. Trabajaron muchos años juntos. Los meseros dicen que no les sorprendería que se soltara llorando.  A Gamaliel le da risa.  Dice que le va a dejar un retrato.

85. Sin otoño

Este año no hubo otoño. Saltamos de los días calientes a las noches airosas y los que trabajamos en el Tinajón nos quedamos sin saber lo que sucede afuera porque ya oscurece temprano. Luego empieza a llover y la lluvia cambia a nieve y el frío que sopla por estos rumbos parece no tener fin. No hay a dónde ir los días de descanso si no tienes carro. Te quedas en el apartamento frío mientras se llegan las cinco de la tarde para ir al trabajo, pero no puedes quedarte enredado en las cobijas todo el tiempo. Tratas de quitarte el frío con un café. Te pones a ver televisión. En enero te dicen que el clima mejorará en marzo, pero casi siempre es hasta abril o mayo. Te desesperas. Reniegas. Pero nadie tiene la culpa de que el tiempo sea así. ¿Querías norte, no? Ahora aguántate.

86. El examen 

Ayer, que hice el examen escrito, los empleados de la Secretaría me pasaron de una vez a que hiciera el de manejo. Si acostumbras a echarte un trago para los nervios, me había dicho el señor Marconi, no te lo recomiendo, porque puedes chocar en sus bigotes. Mejor tómate una mejoral. El estafiate no te lo detectan. No fue necesario. Como dije, pasé el escrito sin problemas y cuando salimos al estacionamiento a que hiciera el de manejo, el señor Marconi me dio las llaves de su carro y me pidió que apartara un billete de 20 dólares y se lo pusiera al empleado donde va el cenicero. Que no se lo diera en la mano porque si lo descubrían sus jefes perdía el trabajo y yo me quedaba sin licencia. Le hice caso. Lo primero que hizo el moreno fue agarrar el billete y se lo embolsó. Entonces me dijo que manejara entre unos conos anaranjados, que fuera a un lado y a otro y que me estacionara pegado a la banqueta, de reversa. Y que le doy el pisotón al acelerador sin cambiarle a la R y una llanta se trepó a la banqueta. El guía rápido escribió algo en su libretita. Ya no pude controlarme. Al final dimos la vuelta para volver a la oficina donde nos estaba esperando el señor Marconi. ¿Cómo te fue? Me preguntó. Le dije lo del acelerón y se alisó el bigote sin decirme nada. Fuimos a la ventanilla y le preguntó al guía si había pasado o no. Le respondió que en dos semanas me va llegar la respuesta.

87. La respuesta

No hace ni una semana que fui presentar los exámenes y ya me llegó un sobre con la licencia. Rápido lo abrí y no venía ninguna carta que me dijera en que parte de los exámenes fallé. Lo único que me mandaron fue la licencia. Lo llamé al señor Marconi por teléfono para ver si el sabía. Me dijo que no le buscara tres pies al gato. Que ahora sí puedo tomarme un trago para celebrar, pero que no pase de uno porque si la policía me agarra tomado me la quitan y hasta me mandan a México. Le dije que después del dineral que me cobró no tengo pensado arriesgarme.

 

[CONTINUARÁ…]


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