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Serigrafía en cartel metálico callejero publicada en downtown Manhattan por Ilona Granet, 1986, 24 x 26 pulgadas
Serigrafía en cartel metálico callejero publicada en downtown Manhattan por Ilona Granet, 1986, 24 x 26 pulgadas

Queridos hombres del mundo

Por
July 2015
¿Qué soy? Esta es una buena pregunta. Pues, no soy perro. No soy gato. No soy un pedazo de carne. No soy juguete, no soy muñeca. No soy pintura, no soy premio. No soy objeto. No soy tu nena, no soy tu princesa o tu amorcito. No soy "tu" nada. Yo soy ser humano. Soy mujer– mujer hermosa, independiente, fuerte, que respira, piensa, vive, y no te pido comentarios sobre mi apariencia cuando camino por la calle. No camino por la calle para ti, mi amigo. Yo camino para llegar a mi destino– y mi destino no es tu cama. No existo para tu placer, entretenimiento, o aprobación. Por lo tanto, no me silbes, no hagas comentarios sobre mí, no exijas mi número de teléfono móvil, no me mires fijamente.

Muchos hombres piensan que los piropos son lo mismo que halagar a una mujer. No entienden que todavía vivimos en una sociedad que valora las apariencias de las mujeres más que nuestro intelecto. Los hombres sienten que pueden comentar sobre las mujeres porque nuestra sociedad nos dice que los hombres son dominantes y las mujeres son sumisas. Estas características son interiorizadas desde el momento que nacemos, para que cosas como silbar nos parezcan normales. Cuando me piropeas– no importa si tienes la intención de halagarme o insultarme– estás afirmando tu poder sobre mí. Me estás tratando como animal en una jaula que existe para tus ojos. No debo sentir miedo cuando camino por las calles. Pero me siento amenazada e intimidada por los hombres, y no soy la única que se siente así.

Recientemente, estaba caminando por la calle cuando un hombre me hizo sonidos de besos. Lo ignoré y seguí caminando. Sumisión, ¿no? Yo no tenía la confianza ni la energía de explicarle a cada hombre grosero e ignorante sobre el sexismo y el feminismo. Pero cuando él insistió y dijo: "¿Por qué no vienes a mi casa, nena?" cortésmente le dije “¡vete a la ching…!”. Supongo que insulté la masculinidad del pobre, porque empezó a perseguirme por la calle. Afortunadamente, no fue tan grave. Él corrió detrás mío para asustarme (y lo logró) pero dejó de correr después de tres cuadras. Tal vez piensas, "¡Yo nunca haría eso!" Pero si no intervienes cuando ves a hombres silbar a las mujeres, estás perpetuando esa cultura.

Las mujeres no deberían tener que vivir con miedo de los hombres. Una de cada cinco mujeres es violada en su vida. Y esto es porque nuestra sociedad ignora y normaliza cosas como los piropos. Nuestra sociedad dice a los hombres que está bien objetivar a las mujeres, y que ellos deben ser dominantes y asertivos hacia nosotras. Nuestra sociedad dice a las mujeres que debemos ser bonitas y debemos portarnos bien y ser sumisas. Luchar contra los piropos es uno de muchos pasos hacia la destrucción del sexismo y las normas sociales opresivas.

El otro día en el tren, un hombre me dijo: "Chica, ¿por qué estás tan triste? ¡Pon una sonrisa en esa cara bonita!" Este es un comentario que escucho a menudo. ¿Por qué parezco tan triste? ¿Quizá porque vivo en una sociedad sexista que internaliza el sexismo en los hombres y las mujeres? ¿Quizá porque me siento hipersexualizada, inferior, débil, y menos capaz que los hombres que me rodean? ¿Quizá porque esta es mi cara y puedo fruncir el ceño si quiero y no tienes derecho a decirme cómo debo verme o sentir? O, quizá realmente sólo soy una mujer indefensa. ¡Quizá si tú, hombre grande y fuerte, me dices que debo sonreír, te escucharé y me daré cuenta de que soy feliz porque tengo hombres grandes y fuertes como tú para cuidarme! ¡Gracias, hombre, por recordarme ser feliz y sin preocupaciones! Casi se me olvidaba de que las mujeres no deben pensar por sí mismas– porque si lo hacemos, nos daremos cuenta de que estamos oprimidas en nuestra sociedad patriarcal. Frunciríamos el ceño todo el tiempo y eso no es muy elegante. Sólo debemos dejar todo pensamiento a los muchachos grandes y sus egos grandes, gordos, masculinos.

Una vez cuando un hombre me silbó en la calle, su amigo interrumpió y le dijo que pare. Le dijo que estaba siendo grosero, y luego se disculpó conmigo por su amigo. Si todos fueran tan respetuosos e inteligentes como este señor, el mundo sería un lugar mejor. ¡No es tan difícil! La parte más difícil es ser más conscientes del propio sexismo. Cuando empiezas a aprender sobre el patriarcado, lo verás en todo el mundo. Verás el mundo de manera muy diferente. Es aterrador, pero es necesario para la liberación de las mujeres.

Hombre, acuérdate de esto: ¡no existo para tí! ¡No necesito sonreír para ti! ¡No necesito tu aprobación! ¡No necesito tu aserción de poder en mi vida! Haznos un favor a todas y levanta tus pantalones y deja de tratar de impresionar a tus amigos por insultar a la mujer que intenta caminar a la tienda en paz.


Con amor,

Todas las mujeres

 

*La autora es estudiante junior en Bard High School Early College Queens.

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