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Los cassettes de Lucrecio González, el hombre de la grabadora 

Novela por entregas

Por Ricardo Enrique Murillo
March 2015

45. La caminata matutina 

Me desperté en la madrugada y ya no pude dormir y menos cuando el reflejo del sol entraba por la ventana encandilándome. No sé cómo los demás hasta roncan a pata tirante. Yo no. Me salí y fui a caminar por el parque. El parque es muy bonito. Tiene sus árboles y sus caminos por los que uno puede perderse. A los americanos les gusta mucho caminar de mañana. Caminan en grupitos y no paran de platicar. No sé de qué tanto hablan. No les entiendo. Good morning, le digo a toda persona que me encuentro. Me acuerdo que los tres días que fui a las clases de inglés me dijeron que se dice good morning por la mañana y good evening por la noche y que saludar es la mejor manera de empezar una conversación con la gente nueva, pero ya vi que no. Uno de cada tres me contesta. Los demás me miran como azorados y no sé por qué. A veces me dan ganas de verlos con la indiferencia que me miran, pero me doy ánimos de ver las cosas del buen modo, a ver si mejoran, pero veo que no. Lo mismo me sucede con las mujeres que con los hombres. O a la mejor las mujeres responden más seguido, si es que no se les enojan los señores que las acompañan y que deben ser sus maridos. ¿Quién sabe si seré yo el que hace que sucedan así las cosas? Hay algo en mí que les molesta, porque desde mucho antes que me los encuentre se voltean para otro lado aunque no haya nada que ver. Ya le platiqué a Candy de esto. Dice que si no me contestan es su problema, que yo cumplo con saludarles. Y ahí me tienen, saliendo a caminar, salude y salude con mi mejor sonrisa. 

46. Don Chuy el de la talacha, enfermo

Acabo de saber que don Chuy el de la talacha está en el hospital. Temprano, Zulma lo encontró tirado en la alfombra y al ver que no respiraba llamó a la ambulancia. Rápido se lo llevaron y al rato se supo que no va a poder trabajar hoy en la noche. Sigue en el hospital, recuperándose, seguro. Don Rigo anoche descansó y hoy le toca trabajar solo. Hace rato fui a preguntarle qué pasó y me dijo que lo que yo sé es lo que él sabe. Entonces fui y le pregunté a Zulma. Me dijo que, según plática de él mismo, a mediados de la noche escuchó la voz del difunto Alberto que le decía Ya vine por ti, Chuy, Chuuuuuy. Don Chuy se asustó mucho y corrió a buscar la salida, pero con la prisa se tropezó con el alambre de la aspiradora y cayó de cara en el marco de la puerta. Que eso fue lo que les dijo a los doctores y no lo van a dejar salir hasta que se recupere. Pobre don Chuy, tanta fe que le tiene a su trabajo, pero como dicen, el miedo no anda en burro.

47. Manejando el LTD de José Uribe

José, el mesero que trabajaba en el Típico y que ahora es la mano derecha de Zulma en los desayunos, me dijo que no le batallara los días de mi descanso que voy a Chicago y me dio la llave de su LTD. Es grande como un barco y ocupa toda la cochera de la casa donde vivimos y que le tenemos prestada porque nadie de nosotros tiene carro. Bueno, Felipe Brizuela tenía, pero lo chocó en una borrachera. Y pues que subo y meto reversa, pero el acelerador estaba atorado y Totonaca me gritó desde afuera que cargara la pata y se la cargo, y se da un cejón y le pega a la portada con la defensa. En la torre, dije, ya me vendí, y me preocupaba más el carro que la cochera porque la portada estaba cayéndose de podrida. Trátale otra vez, me dijo Totonaca, yo te hecho aguas, pero ya no quise manejar. Fui al restaurante y le dije a José que fuéramos a ver el daño y que me dijera cuánto le iba a deber. Le dio risa. Ese no llegó ni a rasponcito, me dijo, dele otro que se note. Lo sacó a la calle y me dijo que si se me apagaba en la carretera, nomás le diera un manotazo al tablero.  

48. La nevada que no esperábamos

Todo el día y toda la santa noche ha caído nieve en Morton Grove. Los carros se atascan o chocan donde menos se imaginan los choferes. Enrique de la Paz, el mesero de Tampico, ni se mortificó en mover su carro del estacionamiento. Después del trabajo vino y nos tocó la puerta y dijo: muchachos, vengo a que me presten una cobija para dormir aunque sea en el suelo. También nos pidió el teléfono para avisarle a su esposa que se iba a quedar acá, con la raza del restaurante. La Chicharra y Felipe Brizuela le dijeron que podía quedarse hasta tres días siempre que invitara las cervezas y Enrique, que le hace al inglés, mandó al primo de Villa a comprarlas y ordenó pizza por teléfono. Enrique no es gente apostadora, que digamos, pero de ver jugar le dieron ganas y pronto se hizo un montoncito de monedas. Subieron la entrada a dólar y dijo vale más que digan aquí corrió y no aquí quedó. Tampoco se pasa de dos o tres cervezas. Estuvo contándonos historias de Tampico. Dice que ama su puerto a morir. Se acostó en la alfombra con la cobija encima. Cuando todo nos dormimos seguía nevando. 

49. El café

Con el invierno encima no hay otra cosa que hacer que ver televisión y beber el café que preparamos en la cafetera que compramos con cooperación de todos. A todos les pedimos su cuota, beban o no café. Los cerveceros no querían jalar parejo, porque, según ellos, el café es dañino para los riñones. Nosotros les dijimos que si no cooperaban no trajeran visitas de ninguna clase a la casa. Luego de pensarlo un rato, sacaron las carteras y aventaron el dinero a la mesa. La compramos buena, de modo que dure, y hace tan bueno el café que no sentimos el frío.

[CONTINUARÁ…] 





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Comments

Comentario: Buenos relatos para pasar el tiempo de viaje y conocer vehículo americanos (tan extraños aquí en Europa) Un saludo, el equipo de www.talleres.biz
Posted: 10/24/2015