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Una cosecha de nuestra huertita.
Una cosecha de nuestra huertita.

Editorial

Climático cambio

Por Mariel Fiori
November 2014

Estados Unidos es el segundo país en el mundo en emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera (a través del uso de combustibles fósiles, manufactura de cemento y quema de gases). El dióxido de carbono es el gas principal causante del efecto invernadero y el consecuente cambio climático que estamos viviendo. China nos lleva la delantera, pero no por mucho, y considerando el número de personas que  viven en cada país, acá en Estados Unidos cada uno de nosotros contaminamos mucho más que en cualquier lugar del mundo.

Otras estadísticas nos ponen como consumidores del 30 por ciento de los recursos mundiales, a pesar de que solo conformamos el 5 por ciento de la población del planeta. También estamos a la cabeza en cuanto a basura. Los habitantes de Estados Unidos generamos más basura que cualquier otra nación del mundo (más de dos kilos por persona por día en 2012). Millones de toneladas y toneladas de comida, muebles, ropa, calzado, electrónicos y otros desperdicios que echamos a la basura, casi sin pensarlo dos veces.

Sabemos ya que toda esta contaminación es insostenible. Por eso, tenemos que hacernos cargo. Nosotros, hispanos y no hispanos, como consumidores y habitantes de este país, y de este planeta, debemos actuar, aportar nuestro granito para parar el cambio climático.

Y hablando de acciones, les comparto mi propia experiencia, para mostrar algunas posibilidades a nuestro alcance, esperando que sirvan de modelo para otros. Por ejemplo, en casa, todos los desechos orgánicos (como cáscaras de frutas, piel de cebollas y otras verduras) no los tiramos a la basura, sino que los ponemos en nuestra pila de abono; una caja negra en el pequeño jardín, que no necesita mucho de nosotros para convertirse en una hermosa tierra negra y fértil (llena de lombrices de tierra) que usamos cada primavera para sembrar una pequeña huerta, de la que crecen toda una delicia de verduras orgánicas. Por supuesto, también separamos los plásticos, cartones, vidrios y aluminios para reciclar en su debido contenedor. Así, cada semana nuestra bolsa de basura es bien pequeñita, un verdadero alivio para el vertedero. 

Antes de que nuestra hija naciera, decidimos que usaríamos pañales de tela todo lo máximo posible. Los pañales de tela son más suaves para la piel del bebé, no tienen ninguno de los químicos que se encuentran en los pañales descartables y son súper reciclables (porque se lavan innumerables veces). Lamentablemente, los pañales descartables están en el tercer puesto de los artículos de consumo que llenan los vertederos de basura, y se estima que un pañal descartable tarda 500 años en degradarse. Además, se necesitan más de 300 libras de madera, 50 libras de petróleo y 20 libras de cloro para producir la cantidad suficiente de pañales que necesita un bebé en un año; es decir, los pañales descartables generan 60 veces más basura sólida y usan veinte veces más materia prima que los pañales de tela (http://www.realdiaperassociation.org/diaperfacts.php). En cuanto a costo, contratar un servicio de lavado de pañales de tela cuesta alrededor de lo mismo que comprar pañales descartables de marca, y el lavarlos uno mismo (si se tiene lavadora en casa) representa un gran ahorro.

Desde hace cuatro años que manejo un vehículo híbrido, es decir, con motor eléctrico y de gasolina, que además de ser bastante más silencioso que un auto común, sólo consume 45 millas por galón de gasolina. Definitivamente, un ahorro para el bolsillo y para el medio ambiente. Reemplazamos la mayoría de las luces incandescentes en nuestra casa por focos LED, mucho más eficientes en consumo. Y por último, hace un mes instalamos 19 paneles solares en el techo sur de la casa, una inversión que ha sido muy accesible gracias a subsidios y créditos de bajo interés (http://ny-sun.ny.gov/).

Mientras los políticos (anteriormente conocidos como servidores públicos) intentan hacer algo, el resto de nosotros debemos tomar cartas en el asunto, y mostrar con acciones responsables, más que con palabras, el mundo en el que queremos vivir nosotros y el que queremos dejar a nuestros descendientes.

Mariel Fiori
Directora




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