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Troy Simon y la Primera Dama, Michele Obama
Troy Simon y la Primera Dama, Michele Obama

El día que Troy Simon conoció a los Obama

Por Troy Simon
May 2014
El pasado 16 de enero, Troy Simon, estudiante de segundo año en Bard College, conoció a Barack Obama y dio un discurso para presentar a la primera dama. Un logro enorme, especialmente cuando se consideran las dificultades que Troy tuvo que superar. Pero cuando uno lo conoce en persona, se encuentra con un ser humilde, que reconoce la importancia del afán y la perseverancia. Aquí su propio testimonio:

Me llamo Troy Simon y soy de Nueva Orleans, Louisiana.

No sabía leer hasta que tuve catorce años. Me hicieron repetir grado dos veces y perfeccioné estrategias agresivas para esconder mi analfabetismo. Normalmente no iba a la escuela porque los otros estudiantes se burlaban de mi cuando intentaba leer. Mi boletín de calificaciones confirmaba mi fracaso rutinariamente. Los días que sí iba a la escuela, empezaba peleas, empujaba escritorios y escribía en las paredes ―cualquier cosa para que me echaran de la clase.

Al mirar esos años, podría ofrecer múltiples razones de por qué me atrasé: la separación de mis padres, la consecuente pobreza de mi madre, nuestro ir y venir viviendo con parientes, la devastación del Huracán Katrina. Pero a los catorce años, al ver a mis hermanos menores seguir un camino igual de destructivo me di cuenta de que necesitaba cambiar.

Sabía que tenía que trabajar fuerte para ponerme al día, así que me puse en contacto con mi maestra de quinto grado, Sarah Bliss, miembro de Teacher for America, para que me diera tareas y estudio. Me anoté en un programa de apoyo que se llama Urban League College Track. Allí conocí a mi amigo y mentor Walter Isaacson. Finalmente, en cuatro años asistí a tres diferentes escuelas secundarias: Joseph S. Clark, Lake Area, y Sci Academy, donde mis maestros me impulsaron a ser mejor.

Me ayudaron a encontrarme a mí mismo a través de la escritura. Cuando era analfabeto, nunca tuve la oportunidad de expresarme de manera positiva ―pero hoy estudio Literatura Estadounidense en Bard College, donde estoy en mi segundo año.

Soy miembro del programa Posse, un grupo de nueve estudiantes que nos ayudamos mutuamente para salir adelante en la universidad. Urban League College Track sigue chequeando mi progreso también.

Entre Posse, Urban League College Track y mis maestros anteriores, tengo un sistema de apoyo irrompible. Me han ayudado a hacer realidad el dicho “el fracaso es inevitable, pero renunciar no es una opción”.

El evento de hoy es acerca de asegurarnos de que niños como yo tengan el apoyo y las oportunidades que necesitamos para seguir nuestra educación y cumplir nuestro potencial. Y ahora es un placer para mí presentar a alguien que ha demostrado su apoyo y confianza en estudiantes como yo una y otra vez. Damas y caballeros, démosle la bienvenida a nuestra Primera Dama, Michelle Obama.

Este emocionante discurso se puede ver en su inglés original aquí: http://goo.gl/ZqCs0K

Otros detalles

Troy Simon me contó que pasó mucho tiempo en las calles de su barrio con sus primos, robando pollos de los corrales de los vecinos y otras travesuras. “Fui totalmente loco en esos días”, dice Troy. En la escuela fue muy problemático. Su mamá no lo ayudaba con sus tareas.

Cuando tenía nueve años, él y su primo empezaron a bailar tap en el Barrio Francés de Nueva Orleans para ganar dinero. A veces ganaban $90, a veces $50. A veces les robaban el dinero que ganaron en un día. En esa etapa de su vida, vivía en una casa con 18 miembros de su familia. Cuando cumplió 13, él y su primo dejaron de bailar y empezaron a vender marihuana. “Yo no fumaba tanto como los demás,” dice Troy, “aun pensaba en mi futuro en esos días”. Un año después tuvo una visión poderosa. “Recuerdo que estaba en el octavo grado, observando a mi tía y a mi mamá, pensando cómo ella me había abandonado. No podía entender la manera en que fui criado y por qué tuve que sufrir por ser afroamericano”. Fue en ese momento que decidió cambiar su vida.

Troy atribuye sus logros extraordinarios a su afán y a su devoción cristiana. “Mi abuela me decía que si verdaderamente quería cambiar, tenía que ir a la iglesia”. Troy agradece a Jesucristo por ayudarlo a soportar la negatividad que había en su vida.




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