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Venezuela despierta y arde

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April 2014
Venezuela está abriendo los ojos. Tras quince años de represión, confrontación, violencia, abuso político y deterioro económico el país por fin clama libertad. Tras la muerte de Hugo Chávez en marzo del 2013, Venezuela entró en una crisis nacional como resultado de la negligencia y malversación de fondos por parte del gobierno.

El deterioro de la economía nacional se ha disparado de manera exponencial durante los últimos diez años. Venezuela ocupa el primer lugar en tasa de inflación a nivel mundial: 56 por ciento anual, según el Banco Central de Venezuela. Productos básicos como leche, harina, aceite de cocina y papel higiénico han desparecido de los anaqueles de supermercado. En toda Venezuela personas desesperadas hacen colas de centenares para obtener acceso a un suministro limitado de alimentos.

Este estado de continuo de deterioro de la calidad de vida ha transformado a las ciudades principales en cementerios rodantes. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, en los últimos quince años de gobierno chavista más de 160 mil personas han sido asesinadas a manos de la delincuencia en Venezuela, un país que se ha convertido en un paraíso del robo, la impunidad, el secuestro y el sicariato.

El 12 febrero, tras una serie de protestas estudiantiles contra el crimen y la escasez, se convocó a una marcha multitudinaria  por los principales dirigentes de la oposición junto a los movimientos de oposición estudiantil nacional. Fue durante este día en que las actuales protestas en Venezuela comenzaron  a intensificarse. Miles de personas se unieron de manera pacífica para protestar contra el gobierno de Nicolás Maduro; cuando una inmensa ola de represión se accionó en contra de ellos. Guardias Nacionales acompañados por civiles armados simpatizantes del gobierno, llamados "Los colectivos", reprimieron  a un gran número de muchachos que actuaban bajo su derecho constitucional. Los métodos de represión  implementados fueron el uso excesivo de gases lacrimógenos, perdigones y  balas, dejando como consecuencia a dos estudiantes inocentes muertos. Después de este incidente las protestas comenzaron a aumentar en simpatizantes y confrontaciones.

Mi país está viviendo ahora un estado de paralización, protestas y  enfrentamientos continuos. Dada la censura que se ha implementado, casi toda la información en Venezuela se ha basado en redes sociales como Facebook y Twitter, que han facilitado y catalizado el proceso de desenmascarar al gobierno montando fotografías y videos como evidencia de los crímenes que se están cometiendo contra la población venezolana.

Hasta el día de hoy, según informes hospitalarios y noticieros, más de 24 personas han muerto en Venezuela por protestar en contra de un régimen que los doblega y arruina su capacidad de vida. 261 han resultado heridos, 1044 han sido detenidos por los organismos del estado, y más de 33 casos de tortura han sido reportados. Cabe acotar que ninguna víctima de estos ataques por parte de la oposición estaba armada, su único crimen fue enfrentar al gobierno.

En el pasado, los venezolanos hemos intentado combatir  este régimen con medidas alternativas de supervivencia en lugar de provocar un cambio en el curso de nuestros destinos. Basta de supervivencia. Una capa delgada de autoridad, falsa revolución y tiempo no nos quebrará. Los días de este gobierno parecen estar llegando a su fin. Venezuela está cansada del hambre y la pólvora. Venezuela está escribiendo su propia historia a través de su valiente pueblo. Tienen miedo que su involución se los coma vivos, y que toda la corrupción y el fraude que los rodea caiga en manos de los que demandan justicia.

Dadas mis circunstancias actuales, mi lucha por la justicia en Venezuela ha sido reducida a promover conciencia y pasar información sobre la grave situación que atravesamos. Yo le pido a cada uno de los lectores de La Voz colaborar con la lucha de Venezuela, mostrando su apoyo en redes sociales con etiquetas como #SOSvenezuela o simplemente publicando información relevante a las protestas. Tenemos el poder de ayudar a los venezolanos a conseguir la nación de inclusión, progreso y libertad que tanto deseamos y merecemos.

 

*El autor es venezolano y estudiante en su primer año en Bard College. 



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