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¿Y tú qué haces?

Por María Elena Alvarado
March 2006

Hace unos años, cuando tuve a mi primer y único hijo, un mundo se reveló ante mis ojos. El mundo de la maternidad. Durante mi juventud universitaria me había autoproclamado feminista (por herencia materna) pero nunca supe los alcances de mi férrea lucha hasta que fui madre. Por ser artista y estar en el mundo académico, creía haber alcanzado cierta liberación y me sentía diferente a las otras mujeres. Qué equivocada estaba.

Las presiones sociales que sentí respecto al tipo de parto que debía tener, al amamantamiento natural, a la forma de bañar a mi bebé... me pusieron en un punto de quiebre en mi vida. Mi depresión iba más allá de la depresión post-parto. Preocupada por mi desgano ante la vida empecé a leer e investigar sobre el tema y me di cuenta de que había un mundo no revelado ante mí. Había un tabú: la maternidad era un tabú. Y junto con la maternidad las fuerzas sociales que me empujaban a cumplir mi rol de mujer (en el sentido convencional) se hicieron claras para mí.

Todo el aparato publicitario estaba a favor de “ellas”. “No permitas que tu bebé duerma mojado, compra tales pañales y dale el sueño que merece”. “Si eres una buena madre y esposa sabrás escoger qué harina comprar para hornear tus pasteles”. “Si quieres que tus hijos te recuerden todo el día usa este suavizante para ropa, así mientras están en el colegio y huelan su suéter te recordarán con amor”.

Y comencé a fijarme en una publicidad dirigida a mí, como madre, en donde yo ya estaba despojada de mi sexualidad para convertirme en una colaboradora del hogar. Aquellas propagandas de cerveza con lindas chicas en bikini (obviamente solteras) estaban dirigidas a los hombres (mi marido incluido) y la chica linda que vendía cosméticos no tenía más de 18 años. El mundo de la publicidad estaba dividido en dos: para hombres solteros buscando chicas sexys; y para mujeres casadas buscando soluciones para el hogar. Pero estas mujeres ya no eran más sexys para sus maridos. Ahora más bien se parecían más a sus madres. No debe haber nada más perturbador que ver a tu madre reflejada en tu esposa.

Fue y sigue siendo muy difícil vivir contra corriente en este mundo patriarcal. Quiero ser una buena esposa y una madre amorosa. De hecho, Mi bella genio sólo vivía para complacer a su amo y Hechizada ayudaba a su marido publicista pero siempre cuidando de que él no lo supiera, porque los éxitos debían ser sólo de él. Y la Chilindrina, a pesar de su carácter manipulador, se ponía a llorar cuando las cosas se le iban de las manos.

Era obvio: me había criado mi madre (socióloga y feminista) pero había crecido mirando la tele y educada en un colegio de monjas. ¿Qué podía ser? ¿Quién debía ser? ¿Qué me daría la felicidad? ¿Rendirme a mi condición de madre y esposa? ¿Volverme una férrea feminista que lo deja todo y se rapa el pelo?

 

Entre la lucha y la culpa

Las luchas feministas consiguieron mucho en los últimos años, aunque todavía las mujeres somos ciudadanas de segunda clase que sólo somos concientes de ello terrible y abruptamente cuando nos convertimos en madres. Aún en este nuevo milenio. En una de sus últimas entrevistas, Betty Friedan (pionera feminista norteamericana) dijo que todo se reducía a la participación en el mercado. Que las mujeres ganen más que sus maridos será la verdadera forma de mostrar nuestra igualdad y no de demostrarla. Pero vienen los niños y la mayoría de las parejas empiezan a hacer su balance de quién se quedará con ellos cuidándolos y si los llevarán a una guardería infantil. Otro problema que erupcionará en el futuro. Y así sostenidas (o aguantadas) por la mejor de las anclas que pudieron inventarnos a las mujeres: el sentimiento de culpa, es aún difícil poder sentirnos satisfechas realmente en plenitud. Espero que sea un transito en el proceso de liberación de la mujer y no un estadio de hastío permanente.

Mientras tanto mi hijo va creciendo y yo voy testimoniándole un comportamiento dudoso acerca de mi identidad. Sí, yo quisiera patear a su papá y coger el micrófono y cantar sobre el escenario... ¿pero le hará bien? ¿Y por qué debo patear a mi marido para ser yo? ¿Por qué no puedo ser yo siendo esposa y madre? Entonces se es todo a medias. Más o menos madre, más o menos esposa y más o menos profesional. Y así la vida transcurre hamacada por el viento de la culpa mientras nos asoleamos ante las vallas publicitarias y nuestras ganas de trascender. Y en medio de esto la gente te pregunta: ¿y tú qué haces?

 

“Si quieres que tus hijos te recuerden todo el día usa este suavizante para ropa, así mientras están en el colegio y huelan su suéter te recordarán con amor”.

 

“El mundo de la publicidad estaba dividido en dos: para hombres solteros buscando chicas sexys; y para mujeres casadas buscando soluciones para el hogar. Pero estas mujeres ya no eran más sexys para





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Comments

Comentario: Existen más beneficios del parto en agua son muchos pero también hay ciertos riesgos. En http://www.1001consejos.com/parto-en-agua/ pueden comparar la información sobre este tema
Posted: 7/16/2014