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Sara Flores y su mamá en su casa de Kingston. Foto de Antonio Flores-Lobos
Sara Flores y su mamá en su casa de Kingston. Foto de Antonio Flores-Lobos

Sara Flores: corriendo por su futuro

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August 2013
A finales de agosto comienza el bullicio escolar, en el que los padres y estudiantes andan a las carreras para aprovechar las ventas de regreso a la escuela. Pero este agosto, Sara Flores inicia una de las carreras de su vida, es decir, la estudiante y atleta, recién graduada de la Kingston High School (KHS, secundaria), desciende sobre la Universidad de Buffalo, en el noroeste del Estado de Nueva York. Ahí, la hispana, hija de padres salvadoreños, llega becada, para alcanzar una de sus más importantes metas: graduarse con el título de físico terapista. Y aunque el camino no fue fácil, Sara, a base de esfuerzo y dedicación, desafió exitosamente un sinnúmero de barreras, tanto en el campo deportivo, como en el académico.

La atleta deja el Valle del Hudson, no sin antes agradecer a sus entrenadores, maestros y, sobre todo, a sus padres, Rigoberto y Sara Flores, quienes la ayudaron a hacer sus triunfos y alegrías, posible. Sara Flores, quien nació en la ciudad de Kingston, se encamina a ser la primera de su familia en graduarse de la universidad. Y es que ella vio “lo duro” que tienen que trabajar sus padres (él en un restaurante, y ella limpiando casas), para poder sacar a la familia adelante.

Para muchas familias hispanas, el enviar a un hijo a la universidad es como decidir entre pagar la renta, o pagar la colegiatura. Pero la familia Flores no tiene que enfrentar semejante dilema, puesto que Sara ha logrado obtener una beca que, empezando este septiembre, le pagará la colegiatura, libros, vivienda, comida y los artículos deportivos que necesitará a través de los 4 años en que ella representará a la Universidad de Buffalo en los diferentes torneos de atletismo que le asignen, en el estado de Nueva York, o en la nación.

Camino al triunfo

Toda hazaña tiene un principio y el principio de la carrera deportiva de Sara comenzó cuando su papá la llevaba a ver partidos de fútbol. Así fue como se convirtió en futbolista.

En cuanto ingresó a la preparatoria, Sara comenzó a interesarse en ser parte del equipo de su escuela, y cuando menos lo pensó, ya se había posicionado como centro delantera, desde donde anotaría los goles en tiempos cruciales. Así Sara y sus compañeras harían historia, llevando a “Las Tigresas” de la KHS a jugar la final del campeonato de las escuelas en el estado de Nueva York, hazaña no antes vista en su escuela.

Conforme pasaba el tiempo, Sara comenzó a interesarse en el atletismo y decidió participar en varias carreras. De inmediato maestros y directores deportivos de su escuela observaron el potencial atlético que les presentaba la hispana, quien terminó especializándose en las carreras cortas.

En su haber, después de haber batido varios récords en el Valle del Hudson y Nueva York, Sara terminó el ciclo escolar 2012-2013, corriendo los 400 metros en 53,39 segundos, los 200 en 25,19 segundos y los 100 en 12,41 segundos. No está demás decir que estos logros, en las canchas de fútbol, como en las pistas de atletismo, le llevaron a Sara a salir en varias ocasiones en las portadas deportivas del periódico local, el Kingston Daily Freeman.

Cuando la hispana estaba por graduarse, le llovieron ofertas de becas, provenientes de varias universidades y colegios del país.

Optando por el camino al éxito

Según un informe del Departamento de Educación de Estados Unidos, cerca de 12 millones de hispanos estudian en las escuelas públicas a nivel de primaria y secundaria representando el 22 por ciento de todos los estudiantes. Desgraciadamente, la mitad de esos hispanos abandona la escuela, sin obtener el mínimo diploma requerido por la mayoría de los empleadores. Y, peor aun, sólo el 13 por ciento de ellos obtiene un diploma universitario, y el 4 por ciento de postgrado.

Sin duda, estas trágicas cifras explican, entre otras causas, el por qué los hispanos desempeñan los trabajos menos remunerados, y el por qué solo 3 o 4 hispanos presiden empresas listadas en la revista Fortune 500.

Las causas o pretextos son mucho: que no hay dinero, que los jóvenes necesitan trabajar para apoyar a sus padres, que tienen problemas con el idioma, que se hacen adictos a las drogas, que se meten en pandillas, que se embarazan a temprana edad, y más.

Un estudio del Centro Nacional para la Adicción y el Abuso de Sustancias revela que aproximadamente el 17 porciento de los estudiantes de escuelas secundarias beben alcohol, fuman y usan drogas en un típico día escolar.

Y para colmo de males, este año la Kingston High School apareció en varias ocasiones en la página roja del periódico local, debido a que, entre otras cosas, un profesor fue arrestado fumando marihuana y un asistente del director de deportes del Distrito Escolar de Kingston violó a dos estudiantes, una de 15 y otra de 16 años de edad.

 Como quiera que sea, las típicas excusas, los sobrados pretextos, alarmantes estadísticas o la mala reputación de su escuela, no detuvieron a Sara en su afán por graduarse. Al final de cuentas, Sara, sus padres, su escuela y su comunidad celebraron el hecho de que la estudiante-atleta pertenece al privilegiado grupo que se gradúa de la secundaria, confiando a la vez que ella será una de esas del grupo del 13 por ciento de latinos que se gradúan de la universidad. Sin duda, Sara pudo optar por el camino equivocado pero eso nunca estuvo en sus planes.

Apoyo en el hogar

Se dice que detrás de un buen estudiante está una gran familia. Y sí, en el caso de Sara, el dicho no está lejos de la verdad. Sara, que cuenta ya con 18 años, compartía hasta este mes su hogar con su hermano menor, Douglas, y sus padres Rigoberto y Sara.

Todos los padres tienden a dar consejos a sus hijos, aunque son los jóvenes los que al final toman las decisiones.

En la familia Flores, los padres se las han arreglado para inculcar a sus hijos a distinguir lo bueno del malo. “Mis papás siempre me decían de que había que ser inteligente para escoger bien a los amigos,” dijo sonriente y orgullosa la atleta que, de seguir entablando récords, un día bien podría representar a los Estados Unidos en unas olimpiadas. 

Y, sin querer queriendo, conforme iba avanzando en el campo deportivo, fue creando perdurables amistades con compañeras de sus equipos de fútbol y de atletismo, que a la vez, eran sus compañeras de clases. No está demás decir que todas sus allegadas amigas se graduaron junto con ella, saliendo por la puerta grande y con honores. Y es que el deporte, una actividad extracurricular, ofrece a los estudiantes qué hacer con su tiempo libre, mientras les enriquece la vida y favorece el desarrollo integral. Varios estudios reconocen que esos programas ayudan a los estudiantes a mejorar su estado físico, su autoestima, y a mantenerlos alejados de conductas negativas e inseguras, tal y como sucedió con Sara y sus amistades.

Pero eso no es todo, el incentivo de sacar notas altas para estudiantes involucrados en actividades extracurriculares es real. Estudiante que no mantenga decentes calificaciones, no puede ser parte del equipo, por muchos goles que anote o records que bata.

Un modelo a seguir

A pesar de haber sido entrevistada innumerable veces, para periódicos o revistas, radio o televisión digital, Sara se puso un poco nerviosa cuando se le preguntó sobre si se consideraba un modelo a seguir en la comunidad hispana. “Cuando entre a la universidad, voy a tomar un curso para mejorar mi forma de hablar en público”, dijo sonriendo. “La verdad es que sí me considero una modelo a seguir porque todo lo que hice, lo hice bien… y sé que muchos hispanos pueden lograr semejantes cosas si ponen todo de su parte para lograr sus metas,” concluyó la atleta-estudiante, quien disfruta del pollo con queso y pasta, que le prepara amorosamente su madre en las noches anteriores al día de sus competencias.

 



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