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El legado musical de Luis García-Renart

Por
July 2013
 En marzo de 1962, Luis García-Renart fue a Bard College a dar un recital de cello y se quedó por 50 años. En ese entonces, el violinista Emil Hauser, uno de los fundadores del renombrado cuarteto de Budapest, era profesor en Bard y había sido uno de los maestros de música de cámara de Luis en Suiza. Luis y su hermana Martha estaban de gira por el noreste de los Estados Unidos y Hauser les dijo: “Bard está entre Rochester y Boston. ¿Por qué no tocan aquí?” Lo hicieron, y se quedaron a dormir en casa del presidente Reamer Kline. Al día siguiente, mientras desayunaban, se le ofreció un puesto de profesor de música a Luis, quien no tenía ningún título universitario: lo habían sacado de una preparatoria mexicana en octavo grado para estudiar cello en Europa. Sin embargo, tenía uno de los pedigríes más impresionantes de todos los cellistas de su generación. Además, hoy especula que a Hauser le parecía simpática su filosofía de ejecución.
Por los últimos cincuenta años, Luis García-Renart ha sido una parte central del programa de música de Bard. Su meta pedagógica es “despertar lo que ellos llevan dentro” y enseñarles cómo “encontrar su camino en la composición”. Desdeña la mera perfección técnica, diciéndoles a sus estudiantes, “quiero oírte a ti tocar Bach”. Su mayor elogio es “atrevido”.  Trata a cada estudiante como individuo, y está tan dispuesto a trabajar con principiantes como con virtuosos; con frecuencia, dice él, el segundo tiene algo que aprender del primero. Luis también es un virtuoso en resolver disputas y hacer que todos a su alrededor se sientan valorados. Tal vez lo es porque ha estudiado con algunos de los mejores ejecutantes del mundo, entre ellos Pablo Casals y Mstislav Rostropovich.

El padre de Luis se vio obligado a huir de España por el régimen de Francisco Franco en 1930. Luis y su madre lo siguieron a México en 1941 y aterrizaron en el nuevo mundo el 7 de diciembre, el día que los Estados Unidos entró a la segunda guerra mundial. Desde los cinco años de edad, Luis había estudiado guitarra con un maravilloso profesor. Su padre, sin embargo, lo alentó a que estudiara cello, aludiendo a Pablo Casals quien era otro exiliado catalán y uno de las grandes figuras de su tiempo, conocido tanto por su trabajo humanitario y postura moral así como por su talento excepcional como músico. En México, Luis estudió cello con Imre Hartmann del cuarteto de cuerdas Lehner, quien se había instalado ahí para esperar el fin de la guerra. Cuando cumplió catorce años, una tía suya que también era compositora y que conocía a Casals, lo llevó en un largo viaje al sur de Francia para que tocara para Casals y éste le diera sus consejos.

Impresionado por como tocó, Casals le ofreció varias posibilidades de estudio para se preparara para estudiar con él, un verdadero maestro. Luis se fue a vivir a una pensione en Berna, Suiza, para estudiar con Rudolph von Tobel, quien le enseñó a Luis de todo: piano, teoría, harmonía, contrapunto, historia del arte, educación general. Sándor Vegh, del cuarteto húngaro Végh, lo entrenó en música de cámara y estudió composición con el renombrado Sándor Veress. “Mi vida entera la he pasado rodeado de acentos húngaros”, dice Luis. Eventualmente, comenzó a estudiar con Casals, pasando la mitad del año en Francia y la otra mitad en Puerto Rico con este gran hombre.

Dado que ambos hablaban catalán y los dos eran refugiados, Casals disfrutaba mucho al hablar con Luis, tanto de la situación política como de música. Casals le hizo entender a Luis que la música se trata de personalidad, no de perfección técnica. “Si no sabes cómo tocar algo”, le decía el maestro a Luis, “cántalo como lo haría un campesino”. Curiosamente, Casals parecía tener un conocimiento muy limitado de pedagogía, enseñando solo por medio de ejemplos. Esta carencia fue algo que Luis ampliamente compensó con su siguiente distinguido maestro, Rostropovich, el celebrado cellista ruso. “Casals no tenía idea técnicamente”, dice Luis, él solo lo hacía, y si le preguntaba yo cómo hacer algo, simplemente tomaba el cello y decía, ‘¡así!’Con Rostropovich yo decía, ‘he estado practicando este pasaje y me equivoco siete veces de diez’. Él me respondía, ‘no hay problema, primero haces esto y luego esto’ y entonces salía perfecto”.   

A través del legado de sus mentores, Luis representa una conexión irremplazable entre la Europa de la preguerra y su cultura de música clásica. Dado que sus maestros habían disfrutado tanto enseñar, él optó por tomar un camino similar y cuando se le ofreció la oportunidad de ser profesor en Bard el dijo “sí”. Y dijo sí a todo en Bard. En 1962, con tan sólo 300 estudiantes, la universidad tenía pocos músicos de jazz y Luis se encargó de tocar el bajo para que pudiese haber un grupo de jazz. Hizo arreglos musicales para las producciones del programa de teatro y de danza. Él es una de las razones por las que Bard ha sido el hogar de uno de los únicos programas de baile flamenco en el país. Además, fue el director de la orquesta comunitaria de Bard College por quince años, y el director del coro comunitario de Bard College por 23.

“Yo no cambiaría mi vida si tuviera que volver a empezar”, dice Luis, “la razón por la cual tengo tanto éxito, y no lo digo con pena ni vergüenza, es porque no me apego a la norma en cuanto a mis enseñanzas”. Así como Pablo Casals fue una fuerza espiritual en su entorno, Luis ha sido una fuerza espiritual en el departamento de música de Bard por medio siglo. Ha sido el guerrero jefe que siempre trata de “hacer lo que yo sentía que era honrable”. En años recientes ha dejado la ejecución a un lado, pero escucharlo tocar las suites para cello de J.S. Bach hace diez años era dejarse llevar fuera del siglo veinte, hacia un mundo más elegante y tranquilo. 

*Kyle Gann es profesor adjunto de música en Bard College.

*Traducción de Andrés Martínez de Velasco




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