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Buen Gusto

Libro liberado es libro libre

Por Valeria Sorín
July 2012
¿Cómo podría un libro estar preso? La biblioteca vista desde nuestra perspectiva humana es algo así como un templo, un espacio donde no sólo se acumulan libros, sino que se atesora conocimiento.

Sin embargo, ya hace años que se lleva a cabo por todo el mundo liberaciones de libros. Tal vez si nos pusiéramos a contemplar la situación desde la mirada del libro en sí, que no puede moverse por sí mismo, que debe esperar indefinidamente a que alguien lo tome del estante, acariciaríamos más seguido sus lomos.

Libros libres, dicen los partidarios del book crossing.

Si usted decide liberar un libro deberá primero ponerle una leyenda que diga “Libro liberado, tómelo, llévelo, léalo, y vuelva a liberarlo”, o similar. Es importante que no se confunda con un simple olvido para quien lo encuentre.

Para que la misma sea oficial debe inscribirse en: www.bookcrossing.com e incluir en la leyenda del libro el código de identificación del ejemplar para que pueda monitorearse los recorridos del libro desde la web.

El acto de liberar un libro conlleva el deseo de compartir con otros una lectura que a nosotros nos ha tocado. Muchas escuelas realizan liberaciones de libros “controladas” como actividad para compartir con toda la comunidad. Es bien fácil, se convoca a liberar libros un determinado día en una plaza. Se puede complementar con picnics, juegos, lecturas y susurradas (ah! Nunca les conté de los susurradores? Ese será un tema para la próxima).

Claro que no todas las liberaciones tienen final feliz. Hay quienes cuentan que se han quedado esperando a cierta distancia que alguien se lo lleve. Gente que pasa y no lo toma, perros que lo huelen y lo descartan, niños que lo pisan con su bicicleta. Hay quienes sugieren dejarlo adentro de una bolsa plástica transparente, para mayor cuidado.

Las liberaciones de libros se hacen cada vez más frecuentemente en Buenos Aires, Santiago de Chile, Bogotá, Caracas, México DF, Montevideo. Un buen momento para que lleguen a Kingston, Newburgh o Poughkeepsie, por ejemplo.

Por eso, la próxima vez que vea un libro en el asiento de un ómnibus, asista a su llamado. Es un libro liberado, y lo está esperando.


 



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