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De Oahu, Hawai a Newburgh, Nueva York

Noelani Bourke habla del otro Hawai

Por Juan Carlos (Latin) Piñeiro Moyet
May 2011
Nueve mil kilómetros (o 5632 millas) separan a Oahu, en Hawai de la ciudad de Newburgh, en Nueva York. Si decidiera ir allá, tardaría 16 días manejando sin parar, aunque la mitad del trayecto la haría en coche, y la otra mitad tendría que hacerla ¡en kayak! Las ocho islas de Hawai están en pleno Oceáno Pacífico, bastante más cerca de Japón que de la costa oeste de los Estados Unidos. Para que se dé una idea de lo lejos que queda la ciudad natal de mi amiga Noelani Bourke: ir a Oaxaca, México, desde Newburgh le queda mucho más cerca, a 4600 kilómetros, y todo el camino es por tierra.

Quise escribir sobre el hermoso estado de Hawai ya que su situación actual es poca conocida. Así que entrevisté a Noelani Bourke para entender Hawai desde una perspectiva distinta a la que nos brindan los anuncios turísticos.

Noelani nació en 1984 en la famosa playa Waikiki en Oahu, donde también se crió toda su familia de parte de padre. Su bisabuela era bailarina de hula y parte de la familia real. Cuenta Noelani que cuando su padre era joven y vivía en Oahu “se le prohibió actuar como hawaiano. También estaba prohibido hablar el lenguaje hawaiano. Pero recientemente la cultura hawaiana ha resurgido. Ahora en las escuelas se aconseja que los estudiantes aprendan la cultura y el lenguaje”. En 1968, cuando su padre llegó a su adultez decidió alistarse en las fuerzas aéreas de los EE.UU. y fue trasladado a la base aérea de Stuart en Newburgh, Nueva York. Allí conoció a la madre de Noelani (nativa de Newburgh). Su familia aun vive en Oahu pero luego de la colonización estadounidense perdieron mucho. Hoy en día sólo le quedan unas pocas parcelas de terreno. Noelani nació en Hawai pero ha pasado la mayoría de su vida en Newburgh, NY.

No todo lo que brilla…

Aunque Noelani dice que en Hawai el aire huele a plumerías (árbol de flores tropicales) y que desconocidos te saludan por la calle, existen muchos problemas con las drogas. Noelani explica que “como muchas otras tierras colonizadas a los hawaianos se les robó la soberanía. Luego de quedarse sin recursos los nativos de Hawai se encontraron en la pobreza y muchos cayeron en la tentación de las drogas”, y agrega que “la economía de Hawai es pobre. Quizás es porque menos personas pueden pagar para viajar o ir de vacaciones. Tristemente lo que le trae vida a Hawai es el turismo. Sin el turismo Hawai probablemente seria un país del tercer mundo. Pero aunque las islas necesitan mucha ayuda, Hawai es y siempre será mi hogar”. ¿Qué tipo de ayuda necesitan los hawaianos? Noelani responde que tienen que “recuperar su cultura y tradiciones verdaderas. Hawai necesita ayuda en la preservación de sus recursos naturales. Recursos que están siendo reemplazados por numerosos hoteles”.

En la actualidad Hawai tiene una Ley de Redistribución de la Tierra (Homestead Act). “Esto es un intento de dar porciones de tierra que se le habían quitado a las personas nativas de Hawai. Para calificar tienes que demostrar que eres por lo menos un cuarto hawaiano. Quedan pocos hawaianos nativos y la mayoría están mezclados con chinos y japoneses. También viven muchos latinos en las islas hawaianas, en particular puertorriqueños por inmigraciones durante el año 1900 cuando llegaron para trabajar en la fincas de plátano. Yo me siento orgullosa de tener sangre hawaiana porque me da un sentido de pertenencia. Pero muchos de los hawaianos que califican para recibir terrenos no tienen hogar o son adictos a la metanfetamina, o las dos cosas. Muchas veces venden sus terrenos para comprar drogas y simplemente viven en las playas. Por eso es que se ven muchos deambulantes en las playas de Hawai”.

La historia de Hawai se asemeja a la de varios países latinoamericanos. Incluye primero la fase del asentamiento polinesio, el descubrimiento británico (que las bautizó Islas Sándwich), la inmigración euro-estadounidense y asiática, el derrocamiento de la monarquía hawaiana, un breve periodo de existencia como república y la admisión en los Estados Unidos como territorio y luego como estado (en 1959, pasando a ser el estado número 50). Al ser colonizados sus recursos, cultura y tradiciones cayeron en las manos de unos pocos colonizadores. “Es importante recordar que aunque alguien se adueñe de nuestras pertenencias…jamás se podrán adueñar de nuestros espíritus, orgullo y amor a nuestras tierras”, concluye Noelani.

 

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