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Cuento

EL RATONCITO DE DOS MIL AÑOS

Por Robinson David Martínez
May 2010

en el bus, yendo hacia la marcha por los inmigrantes en washington d.c., vi un ratoncito al lado de mis pies. algunos en el bus dormían, otros escuchaban música con sus audífonos puestos, otros leían, pero nadie se daba cuenta del ratoncito rondando cerca de mis pies.  yo estaba comiendo lentejas y arroz del recipiente plástico que me empaqué para el viaje.  el ratoncito alzó su hocico, oliendo mi comida. ¿un ratoncito en el bus?  qué raro.  observé al pequeño mamífero.  sus ojos eran negros pero con un brillo especial--sentía en él, una personalidad particular.  sentía como si tuviera un buen sentido del humor. 

 le tiré un poquito de arroz. el ratoncito se agachó y se comió el poquito de comida.  en ese instante, una motocicleta harley davidson pasó al bus con el rugido aterrador de su tubo de escape y el pequeño ratón ¡se convirtió en una anciana!

 ya me estaba aguantando las ganas de orinar, porque llevábamos dos horas en el camino sin parar, y al ver a esta anciana aparecerse de la nada, casi me orino en los pantalones.  me dieron hasta ganas de vomitar y tomó fuerza de voluntad para contener estos líquidos. comencé a sudar frío y todo a mi alrededor se sentía como una pesadilla.

 "gracias,"  dijo la viejita: "he estado atrapada en cuerpo de ratón por mil novecientos setenta y siete años".  

 "¿q-q-quién es usted?" pregunté.  

 "¡soy tu nueva ayudante!" dijo ella sonriendo y entusiasmada.

 yo no la miré y me quedé inmóvil, sudando con pánico.  a ella le dio risa.  

 "todavía tienes las sombras del miedo como huéspedes de tu corazón. todavía llevas en tus bolsillos las canicas sucias de tu niñez y hasta las de tus vidas pasadas".

 "¿¡qué!? ¿quién es usted?  ¿de dónde viene?  ¿estoy alucinando?"

 a ella le dio risa.  

 "no sabes cómo no pensar, ni sabes pensar con tu corazón.  ¿de dónde soy? es una larga historia. bueno, en la época de un gran maestro, todos estaban en contra de él porque el emperador sentía que estaba perdiendo credibilidad--"

 "no entiendo," dije yo.

 "es una larga historia, pero básicamente yo apoyaba a este maestro. unas personas que practicaban el tipo de magia que hacía daño a los demás, me encarceló en el cuerpo de un ratón que estaba destinado a vivir diez mil años más."

 yo escuchaba boquiabierto porque no podía creer que esta señora de avanzada edad me estaba hablando y aunque la vi con mis propios ojos, no lo quería creer-- ¡hace unos momentos ella era un ratón!  ahora me hablaba y era un ser humano sentado al lado mío.  

 "aunque no comprendas la magnitud de lo que acabas de hacer conmigo, yo seré tu protectora por el tiempo que me necesites.  tú me liberaste y ahora te voy ayudar a que liberes tu alma--y suerte que tienes, porque estás en deplorable condición".  

 a mi me dio risa porque ¿cómo me iba a liberar esta anciana?  yo soy libre.  y además, hago ejercicios y cómo muy bien. estoy en un muy buen estado físico.

 "no estoy hablando de tu estado físico. estoy hablando de tu alma: eres mentiroso, egoísta, adicto a películas pornográficas, te estás pudriendo los pulmones con el cigarrillo, te poner rabioso por cualquier estupidez, todavía vives en el pasado, gastando energía emocional pensando con nostalgia en esa novia que no te pertenece. ¿qué más? eres envidioso y te luces como si te importara la gente en público, pero en realidad, tu única preocupación eres tú mismo. tu madre está enferma y no la llamas.  tu sobrino necesita un mentor masculino pero tú no sacas tiempo. no sabes lo que significa el sacrificio, ni el amor a la humanidad porque eres, en lo más privado, un narcisista.  por eso digo que estás en deplorable condición," dijo ella. suspiró profundamente y le dio risa.  

 me puse rojo.  ¡había leído mis pensamientos! sabía  hasta lo más privado.  me sentí invadido, expuesto.  sentía que no me podía esconder.  

 "deja de pensar tanto, hombre. veo que te vuelves lento cuando pierdes el tiempo pensando.  a propósito, ¿a dónde va este bus?"

 "a washington d.c."

 "¿estamos en américa?"

 "sí, estamos en américa."

 "ah---¿y qué vamos a hacer en washington?"

 "vamos a una marcha para la reforma inmigratoria, para que vean que vivimos aquí y nos ayuden a ser residentes legales de este país.

 al llegar a washington, me bajé del bus. la anciana, con su falda larga, cabello largo, blanco y sus interminables arrugas, me seguía todos los pasos.  

 había muchísimas personas caminando, algunas tocando el tambor, otras con pancartas.  unos cantaban al unísono: "soy tu hermano, humano, americano".  otros cantaban, "obama, presidente, haznos residentes."  

 yo llevaba mi cámara filmadora, mientras esta extraña anciana no se me despegaba.  vi a un señor con bigote gris y blanco.  el señor llevaba puesto un gorro de pescador y tenía, colgado a su cuello, el marco de una enorme fotografía de un hombre que murió intentando cruzar el desierto. en sus bluyines rasgados se veían sus huesos expuestos e intactos. todavía tenía puestos un par de tenis rojos.  

 "¿por qué lleva esta foto?"  le pregunté mientras lo filmaba.  

 "yo trabajo con ángeles de la frontera. nosotros les damos agua, comida, chaquetas y bolsas de dormir a inmigrantes que cruzan el desierto. esta persona, como muchas, murió en el desierto".

 en ese instante la viejita comenzó a llorar.  ella estaba conmovida por la foto.  al ver a esta anciana llorar de esa manera me conmovió y lo único que se me ocurrió fue filmarla. en ese instante se me puso la piel de gallina porque en la filmadora ella se veía como si yo estuviera apuntando la cámara hacia el sol.  

 filmé al señor representando los ángeles de la frontera.  él lucía normal.  luego apunté la cámara de nuevo a la anciana.  increíble. la vi como la mujer más hermosa que jamás había visto en mi vida. puse la cámara a un lado y la vi de nuevo como anciana. la miré a través de la filmadora: era bellísima y su piel era casi transparente. de su corazón irradiaba una luz azul.  entre más lloraba, más brillo azul le salía de su pecho.  

 bajé la cámara y vi a la anciana, sus arrugas, su escuálida piel. me puse a llorar. hace años que no lloro. 

 la anciana luego se me acercó. me miró a los ojos y en ese instante, la vi como la mujer hermosa.  me besó en los labios.  

 "mira tus alas", dijo ella. 

 miré hacia mi izquierda. vi las alas de un murciélago.  movió mi cabeza hacia la derecha con sus manos.  detrás de mí, llevaba una ala que parecía dibujada con un lápiz solar. 

 "¿qué vas a hacer con estas alas?"    

 me dio un lápiz dorado.

 "este lápiz borra con luz y dibuja con luz."  

 había muchísimas personas caminando, algunas tocando el tambor, otras con pancartas.  unos cantaban al unísono: "soy tu hermano, humano, americano".  otros cantaban, "obama, presidente, haznos residentes."  

 

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