Foto de Joanna Reisner 
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La tía Cata sale a la naturaleza

Por Tamara Gruszko
April 2018

Cuando yo era una Catita chiquita y vivía en la ciudad de Buenos Aires no sabía donde estaba la tierrita, ni los lagos, ni los animales salvajes. Todo lo que veía alrededor eran veredas de baldosas rotas, mucho asfalto, algún perro con correa y el smog que dejaban los autos al pasar. Me preguntaba si todas esas cosas bonitas de las que me hablaba la maestra habían desaparecido y sólo existían en la películas o en los libros de cuentos que me leía mi mamá. 
 
El miércoles pasado después de muchas semanas grises y con nieve, el sol finalmente decidió darse una vueltita por el Valle del Hudson. ¡Y qué hermoso estaba! Brillaba radiante en tonos de anaranjado y me invitaba a pasear. Me saqué la bufanda, las botas y los tres sweaters que tenía puestos, preparé mi bolso con el termo de agua, el mate y los biscochos de grasa y me fui a caminar.

Las casas de mis vecinos adormecidas en sus jardines de invierno me miraban curiosas. La gente pasaba con la cabeza baja y el paso rápido, mientras que la barrera de nieve sucia y vieja de las veredas comenzaba a derretirse. Al cabo de unas cuadras los jardines antes pequeños y rodeados de cercas se empezaron a extender hasta formar espacios de tierra continua entre gris y verdosa. El pavimento gastado dejaba asomar rastros de tierra que tímida pero empecinadamente se iba abriendo paso entre los montículos imperfectos de asfalto.

Poco a poco mis pies se fueron acostumbrando al terreno desparejo. Varias ardillas jugaban a las escondidas en las ramas altas de los árboles. Un pajarito de cabecita color ocre voló a su nido. Caminando con cuidado entre las raíces de los árboles que se asomaban testarudas y sin saber a dónde iba me fui adentrando en el bosque. La luz filtraba ligeramente y el aire olía a hojarasca seca.

Un poco cansada, apoyé mi bolso sobre un tocón bajito. Me disponía a sacar el mate cuando a lo lejos, entre unos troncos caídos, descubrí un ciervo que majestuosamente, desplegaba en alto su cola blanca de pelo lanudo. Creí por un segundo que era mi imaginación. Quizás estaba confundida. ¿Era una planta que me engañaba recreando una fantasía de la infancia? Conteniendo la respiración me acerqué un poco para poder verlo mejor. El ciervo y yo nos miramos, la mirada fija el uno en el otro por un largo rato.  ¿Cómo estás?, le pregunté bajito. Él no contestó, sólo bajó la cabeza en forma de saludo. “Hace tantos años que te busco”, le respondí mientras un brote de lágrimas de niña bajaba por mis mejillas acaloradas.

De pronto, recordé la bolsa que había dejado a unos metros. Había sido una larga caminata y tenía hambre. ¡Pero ya era tarde! ¡En las ramas de los arboles tres ardillas tomaban mate con biscochos después de un largo día de trabajo!

Este mes en el que celebramos a la Madre Tierra y todo lo que nos brinda, lleven a sus niños a pasar un día lejos del asfalto y más cerca de la naturaleza para que sepan que las tortugas, las ranas, los ríos y los ciervos de los cuentos sí existen. Porque solo amando a la Madre Tierra aprenderemos a protegerla.

RECUADRO:
Un día divertido en familia descubriendo la naturaleza
Sábado 22 de abril de 2018 de 11 am a 3 pm

Hudson Highlands Nature Museum
Outdoor Discovery Center
Entrada por Muser Drive frente al 174 Angola Road, Cornwall, NY

Entrada $5/auto. Actividades gratuitas salvo excepciones. Venta de refrescos.
 
  • 9 am HikeA-Thon 2018 para recaudar fondos para los programas educativos
  • Actividades para toda la familia en la “zona verde”
  • Zona de juegos Grasshoper Grove
  • Animales y paseos de heno
  • Cuentos y títeres con Lydia Adams Davis
  • Juegos y actividades interactivas
  • Rifas con premios increíbles
  • Música con John y Jackie Gioia
  • Presentación de los niños de “Young Naturalists” del cuento “The Lorax” 11:30am
 
 

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