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Vida Saludable

Encuentros en el viaje hacia un parto sano

Mis experiencias

Por Avie Pérez
December 2015

El viaje empezó como empiezan muchos viajes: uno sabe un poco de lo que busca, pero no exactamente cómo lo va encontrar. 
 

 
Queríamos un parto natural, queríamos que nuestra hija naciera de la mejor manera posible. Llegando a los cuatro meses de embarazo, mi pareja y yo fuimos a ver a una partera. Los vientos nos soplaron a Poughkeepsie Family Partnership. 
 
Una enfermera con una sonrisa que permeaba todo su ser, se sentó conmigo: “Dígame un poco de su vida, sus pensamientos, y cómo quiere que la tratemos durante su parto”. Respondí: “Vine a ver cómo estamos mi bebé y yo; para saber si estamos comiendo bien y si hay algo que debo cambiar”. Le dije que me interesaba hacer pruebas que puedan mejorar la salud de mi bebé, pero no quería hacer nada que le pudiera hacer daño. 
 
Decidí hacer el recuento de glóbulos rojos, pues para mí era importante saber si necesitaba más hierro o si era RH negativo para poder tomar precauciones. Para mí no era importante hacer ecografías. Me preocupaban las frecuencias altas que se usan, y por eso lo vi más dañino que necesario. La enfermera y la partera respetaron mis decisiones. Aun con personas bien respetuosas, creo que es importante que una se sienta confiada con sus propias decisiones. Hay muchos doctores que traen mucho miedo a las mujeres embarazadas, les dicen cosas como, “Tienes la cadera muy ancha (o muy estrecha), o Ud. no aguantara el dolor, vamos a hacer una cesárea”. Uno tiene que estar convencida de que, como mujer, la gran mayoría tenemos todo lo que necesitamos para un parto sano.
 
Cada dos semanas iba al clínico, para ver cómo crecía mi bebé y para escuchar los latidos del corazón. El ir con frecuencia creó un sentido de confianza con esas personas. En cierto punto era hora de ver cómo mi cuerpo procesaba el azúcar. Me ofrecieron la opción de traer mi propio jugo en vez de tomar la bebida recetada. Por no querer tomar ni azúcar ni colorantes artificiales, elegí traer jugo de manzana. Estas cosas pequeñas hicieron mis visitas más agradables. 
 
Llegó el momento de decidir dónde iba a dar a luz. Nos recomendaron el hospital en Cortland Manor, Hudson Valley Hospital. Allí están más dispuestos a apoyar a las madres que quieren parir naturalmente;  además, apoyan a las mamás que quieren dar pecho a sus hijos. Fuimos a ver el hospital. Era un poco más lejos que Vassar, pero por las facilidades (como baños calientes), decidimos que sí valía manejar un poco más. Este hospital les permite a las mujeres más libertad que un hospital regular, como poder caminar por los pasillos mientras en parto. 
 
Pero aunque nos impresionaba el hospital, nos dimos cuenta de que el parto es un momento importante para la salud de nuestro bebé. Tenía 26 años y el embarazo iba bien. Mi pareja y yo tomamos una decisión fuerte: dar a luz en casa. Encontramos a unas parteras que podían hacerlo, las parteras de ‘River and Mountain’ que tienen oficina en New Paltz los jueves. Hudson Health Plan cubriría la mayoría de los costos. Empezamos a ir a River and Mountain, para chequear mi peso, orina, presión y todo lo necesario para mí y el bebé. Cada cita duraba una hora, porque tomaban el tiempo después del chequeo para nuestras preguntas. El ambiente era relajado y me sentía en casa. Había tres parteras y unas asistentes.
 
Para prepararme para el parto escribí un plan de nacimiento (incluyendo lo que quería o no quería en mi parto). Quería lo que me hace sentirme cómoda (una fogata en el patio, un baño para relajarme, música suave, velas y poca luz). Lo seguí en general. Sólo quería allí a mi mamá y pareja. Durante el parto quería tener la opción de comer, aunque al final no tuve hambre ni podía tomar mucho. El agua caliente no funcionaba, pero mi pareja calentó agua en la estufa. Las parteras descansaron en camas extras y mientras progresaba rápidamente, ellas me chequeaban a cada rato. Aunque no tuvimos sistema séptico ni agua caliente el día del parto, estar en mi propia casa fue lo que me hizo sentir más cómoda. Ayudó a que el nacimiento fluyera mejor, y me dio una experiencia inolvidable.  Encontré mi propia fuerza para este camino de ser madre.
 
Después de doce horas de gritos, moviéndome entre el fuego, el baño y la cama (y rodeada por las personas que más adoro) nació nuestra hija. La pude poner sobre mi piel de inmediato; y no tuvimos que cortar el cordón umbilical hasta estar listos. Fue el mejor regalo para madre e hija.  Tuve una experiencia poderosa y mi hija nació en un ambiente calmo. 
 
Una de las parteras, Joan Combellick, está realizando una investigación sobre las madres que dan a luz en varias formas (en casa, hospital, o cesárea), para poder medir cómo los microorganismos de la madre y el ambiente afectan al bebé. Joan es una profesionista con muchos años de servicio, que respecta y apoya las decisiones de las mujeres. Si le interesa participar en su investigación o saber más sobre el parto natural, su correo electrónico es: jc3049@nyu.edu.

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