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Usos y Costumbres

El Cinco de Mayo fue en Septiembre

Por Guillermo Fesser
September 2011

El conocimiento sobre las cosas de este mundo del que dispone el ser humano es confuso. No todo el mundo sabe lo mismo, ni todos comparten los detalles de lo que saben. En España Cristóbal Colón es español; aquí se le considera súbdito italiano. En los Estados Unidos se celebra el Cinco de Mayo como día de la Independencia mexicana; en México la independencia la celebran el 16 de septiembre.

Pero siempre los matices vienen fundamentados. La mayoría de las veces en errores de interpretación. Resulta lógico. Humano. Para traducir las costumbres de otros no disponemos de más herramienta que el propio diccionario de nuestra experiencia. Por ello, lo que vemos hacer a los demás, lo trasladamos a los códigos que nos son familiares. Alguien debió de pensar en Estados Unidos: si los mexicanos celebran tanto el Cinco de mayo, será porque coincide con la fecha de su independencia.

A ver: en América del Norte, el 4 de julio equivale a independencia; luego al sur del río Bravo, el 5 de mayo, ha de venir a significar por narices la misma cosa. De no ser así, continuaría la deducción, lo hubieran denominado con algo más descriptivo que una simple fecha. Algo así como el Día de San Blas, o la Festividad del Corpus. Porque, cuando se señala una fecha en fuego, es porque la fecha lo dice todo. O no.

La realidad es que el Cinco de mayo para los mexicanos es simplemente el recuerdo de una pequeña batalla que les ganaron a los franceses. Allá en Puebla. Una victoria que supuso una anécdota en el devenir de los acontecimientos pues, al poco tiempo, Napoleón III arrasó con sus tropas y les invadió el país al completo.

La de Puebla, sin embargo, fue una batalla peculiar y popular. Las tropas imperiales francesas superaban con mucho en número y municiones a las de Benito Juárez. Atacaban bien, pero según cuenta la leyenda que ha reforzado el orgullo patrio en el país del Golfo, “los mexicanos mataban mejor”.

Todos los años, en los fuertes de Loreto y Guadalupe se representa de nuevo la batalla. Como los moros y cristianos de Alcoy. Unos se visten de mexicanos, a las órdenes del General Zaragoza, y otros de franceses, bajo el mando del Mariscal Lannes. Hombre orgulloso el marino galo, pues antes de iniciar las confrontaciones bélicas le mandó un cable a su señor dando por ganado el rifirrafe: “Somos tan superiores a los mexicanos en organización, disciplina, raza, moral y refinamiento de sensibilidades, que le ruego anunciarle a Su Majestad Imperial, Napoleón III, que a partir de este momento y al mando de nuestros 6.000 valientes soldados, ya soy dueño de México”.

Puebla es un lugar muy bello. Yo estuve una vez. En aquella ocasión, ya vestidos unos y otros con los uniformes de guerra y dispuestos a representar la acción ante turistas y conciudadanos, se asomó al balcón municipal el alcalde con una bocina de esas que amplifican el sonido en la mano. Saludó a los presentes, brindó por el éxito de la jornada festiva…y solicitó a los participantes que no bebieran demasiados tragos. Lo recalcó un par de veces. Insistió en ello con seriedad y, luego, descubrió la base de su argumento.  “No más tragos hasta terminar la batalla. Recuerden que el año pasado, por culpa del alcohol, nos ganaron los franceses”.




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